Revista de la Escuela Provincial de Teatro y Títeres de Rosario Nº 5029 / ISSN 3072-8975

Bitácora de trabajo o Ensayo poético sobre las Poéticas 2025

En el marco de las Jornadas Poéticas Teatrales 2025 sobre Teatro Abierto y basada en el cronicón novelado “La rebelión de la basura”, la Co-directora convierte el espíritu de los ensayos de «Fuego Ciruja» en texto

 

Las palabras chispeaban, luciérnagas, por los rincones de la pieza. Llegan de a poco, tarde, con nubes tempranas debajo de los ojos. Los ingenuos se quedan en los abrazos menguantes, conocen a la perfección el arte gozoso de la demora. “Es la primera vez que hago esto, yo tengo 20 años”. Lo que hace es levantarse bien temprano una mañana de tormenta, un sábado, sí, ya dije que tiene 20 años y pregunta en qué puede ayudar. Los ingenuos creen en lo que hacen.

La columna avanza cual gusano devorador. Les pedimos que se miren a los ojos. Un hombre y un joven, entonces, se clavan las pupilas en la mueca del abismo. De pronto alguien llora: descubre que ser mirada es un vértigo, un peligro. El cuerpo, ese paisaje oscuro de sombras primarias se rebela en el gesto perfecto de los misterios: significar. La columna es una espina dorsal de pelos, poros, pieles que se inventan un encuentro esperanzador: creen que realmente están cambiando el mundo.

Las mariposas nocturnas persistían en aplastar la muerte, súbita y absurda, contra el parabrisas de la vidriera iluminada. Poco a poco conocemos algo más que los fonemas de sus nombres. Un desliz íntimo que se oculta en aquello que los persigue durante los días subsiguientes: una palabra, un tacto, una nota. “Este rugido de metal suena en la puerta de mi casa todas las noches”. “La vi y le tuve miedo, a la que voy a ser”. “Se subió al colectivo y viajamos con los olores de la miseria atravesando los colores de un muro infinito”.

Dicen que las polillas son fantasmas, mariposas nocturnas que le revolotean a la muerte con una ilusión amenazante. Poco a poco empezamos a saber sus dolores y sus victorias. Los hay amados por la disidencia sexual, paridos por la locura “de levantarse todas las mañanas y tener la misma madre”, celebrados por la discapacidad de la ternura, arrullados por la dignidad de los trabajadores. Le rehúyen al éxito porque han sido esclavizados en su virtud: la sensibilidad. Les brilla y les nace luminosa como alas transparentes desde omóplatos flacos. Ninguno de ellos quiere ser empresario por lo que los voyeristas se asegurarán pronto un gran espectáculo.

Y los hombres fumaban la vigilia de huesos incómodos. Un salto en el aire y el coro de risas. El humo imaginario devora todas las cosas que toca el sol de una primavera vulnerable. Las mecedoras se mueven solas. Acuden al llamado: el que no juega, pierde. Se ríen de sí mismos, se permiten el equívoco, piensan en voz alta. Anotan las cosas en papel. Les decimos: acá va a pasar esto. Del estatuto de verdad saben una sola cosa: la falla está en ausentarse.

De pronto, envejeció la noche y una luna gigante es parida por una lámpara en la mano. Una silueta grotesca se deja devorar por el ojo de los poetas. Arde el fuego que los encuentra. Entonces, comienzan las voces a ser otras, las manos a ser otras, las bocas a ser otras. Una caravana de cirujas grita que se sienten felices de estar juntos. Detrás de la puerta, el neoliberalismo. De este lado: una obra de teatro contra los hijos de puta.