Género: Comedia
Dramaturgia: Ludmila Bauk – 3416491306 – ludmila.bauk@gmail.com
Personajes: Estela y José Gerardo.
Espacio: Consultorio de Estela. Tiene una mesa con el teléfono, biromes, lápices de colores, un cuaderno donde anota los turnos. Un sillón cómodo, plantas, cuadritos, también una mesa con instrumental quirúrgico.
Escena 1:
(Estela está anotando turnos en un libro mientras habla por teléfono con los pacientes)
Estela: (Al teléfono) Lo entiendo perfectamente Rubén. Mju, Mju. Mju. Sí está clarísimo. Ella no volvió a su casa en el horario que había quedado y usted enloqueció (escucha). Por supuesto no lo voy a juzgar. Sí. ¿Y qué hizo con el perro? (escucha) Pobre animal. En estas situaciones los que más sufren son ellos. (escucha) No se trata de lo que haría yo, se trata de usted. Mire hay una frase muy significativa que dice: Los celos son una enfermedad incurable que solo se cura con la muerte. Y yo creo Rubén, modestamente, que lo de usted es un caso, que, digamos… no tiene solución. Así que lo iría tramitando. Usted… no me malinterprete. “Usted” no tiene solución ¿me entiende? Lo del perro puede ser inspirador. Quédese con eso. Bueno. ¿Cómo seguimos? (escucha) Perfecto, la semana que viene en este mismo horario lo espero. Que esté bien Rubén. Chau. (corta)
(Estela se acomoda, estira el cuello, se para para prepararse un café)
Estela: (Piensa y no contesta nada. Se sienta con el café. Se acomoda y recibe otra llamada. Atiende) ¿Qué tal Carlita? Sí. (escucha) No llores (escucha) No grites mi amor, que se me perfora el tímpano. (Escucha) Se entiende perfecto. Salió a jugar al fútbol con sus amigos y no te avisó (se separa el teléfono de la oreja) Es una forma de decir ¿no? ¿A qué te referís con ningún pelo? Comprendo. Bueh, algo es algo. Ese pelo divino que tenías, me da pena, sinceramente. Es triste. (escucha) ¿Qué opinás? ¿Qué podés pensar de esto que te estoy diciendo? Mju. Mju. Mju. Carlita, la situación es sencilla: él va a llegar, te va a ver con media cabeza pelada y no lo vas a poder ocultar. Vas a tener que confesar que estuviste celosa. Y eso no te viene bien, ¿comprendés Carlita? Carlita, tenés que ganar confianza en vos misma. Te voy a dar una tarea. Quiero que salgas de tu casa y hagas algo que te de miedo. Sí, mucho miedo. ¿Qué se te ocurre? Pensá, algo debe haber. ¿Con tu vecino? Mirá qué buena idea se te ocurrió. Pero chapalo de verdad, no imaginariamente, físico tiene que ser. Necesitás revertir esta situación. Comprendés el estado crítico en el que estás, ¿no? Bueno. ¡Adelante! Tenés que di-ver-si-fi-car emociones. ¿Cómo seguimos? La semana que viene en este horario. . . sí puedo. Sí. Hasta pronto.
(Estela corta el teléfono. Mira el reloj. Toma un trago de café. Suena el timbre. Entra José Gerardo)
Escena 2:
José Gerardo: Hola doctora.
Estela: Hola José Gerardo. Llega puntual como siempre.
José Gerardo: Sí. Por suerte. Hace como una hora que estoy abajo esperando ahí afuera.
Estela: Mju
José Gerardo: Es que no me gusta hacerle perder tiempo. Porque entiendo que su tiempo es valioso. Tan valioso como el mío. Aunque a veces usted me haga esperar. Creo que su tiempo es más valioso que el mío y lo acepto sin mayor inconveniente.
Estela: ¿Quiere tomar un tecito, un cafecito?
José Gerardo: Un tecito, ¿Qué hizo esta semana?
(José Gerardo mirá el consultorio. Mientras Estela le prepara el té y se lo sirve)
Estela: Lo mismo de siempre. Pero no se trata de lo que hice yo, sino de lo que hizo usted, José Gerardo.
José G: Ah sí, claro. Hay como un clima renovado en el ambiente ¿no?
Estela: Mju, ¿a qué lo atribuís José Gerardo?
José Gerardo: Siento que este consultorio está distinto. No sé, tiene como otro aroma, otro color la luz, hay, hay plantas nuevas. No sé.
(Estela se pone unos guantes de látex y empieza a desinfectar sus utensillos)
Estela: Qué atento. Sí, di unos retoques. Detalles, José Gerardo. ¿Pudiste leer el libro que te recomendé?
José Gerardo: No, no. Perdón. No creo que sean detalles. Es algo más profundo que un cambio de aromatizador de ambientes.
Estela: (Mira el consultorio) Puede ser. El libro. «Otelo» de William Shakespare.
José Gerardo: Ah, sí. Lo leí y vi el filme también.
Estela: Mju. Bien. ¿Y pudiste elaborar algo de eso?
(Mientras va sucediendo el diálogo, José Gerardo se sienta en el sillón y se saca una zapatilla y la media. Estela termina de preparar sus utensillos y se acerca a él con una caja de metal llena de tijeras, limas, algodones, desinfectantes, se arrodilla cerca de sus pies y prepara su instrumental)
José Gerardo: No sé. No encontré nada parecido a mi vida. O sea. Está Otelo, es moro, lo googlié, digamos negro, inmigrante, se hace rey, desconfía de su novia, fuerte, mal. Porque hay un tipo malísimo que le llena la cabeza: el pañuelito, el pañuelito, el pañuelito, está con otro, le dio el pañuelito al otro mirá, mirá que turra, así, así. Se enrosca y la mata. Después se mata a sí mismo y se termina. ¿Qué sé yo? Yo trabajo de repartidor, no tengo nada que ver (huele). Este olor… es nuevo (desconfiando) lindo.
Estela: Mju. Y… por ejemplo, ¿no crees que hay una conexión entre la situación de Otelo y lo que vos estás atravesando desde que te mudaste al departamento de al lado?
(Estela le agarra el pie a José Gerardo, se lo apoya en su pierna, le pone crema y lo masajea)
José Gerardo: (Piensa) No. No sé. Este Yago le dice: mirá le regaló el pañuelito a otro y se acostó con ese. Y la piba, que es hija de un senador. ¿Viste? Siempre vivió bien, siempre acomodada, vivió en la abundancia, en la buena, nació en cuna de oro. No como Otelo, que es un tirado, pobre, bruto y negro. Pero ella lo quiere, así como es. Es loco. Lo quiere de verdad. Pero Otelo, tiene muchos problemas. Y… se obsesiona. ¡Cómo se obsesiona! No se da cuenta que está mal lo que piensa, que por primera vez en la vida tiene todo para ser feliz. Pero… el pañuelito.
Estela: Mju, Que interesante esto que traés de tu lectura. ¿Y podés hacer alguna conexión con tus propias emociones?
José Gerardo: Antes de que siga quería preguntarle si tiene otro horario disponible para la sesión.
(José Gerardo quiere sacar el pie. Ella lo trata de agarrar para continuar con su trabajo)
Estela: Tengo que chequear mi agenda. Cuando cerremos lo vemos. No cortemos.
José Gerardo: Es que quiero saber si tengo otro horario. ¿Puede ser?
Estela: Probablemente haya, comprendo tu inquietud. Lo vemos al finalizar. ¿Hay algo de esto que ves del origen de Otelo en el que él no se siente digno de lo que le está pasando?
(Estela con una mano agarra el pie con fuerza y con la otra la tijera)
José Gerardo: Este…que él se sentía, como que él, viaja mucho y es un pobre tipo y ella es hermosa y este… como que no puede, digamos… que no se reconoció rey, se sentía mal, porque no tenía horarios, este…Porque este… Ella tenía muchas citas y no le dijo nada a él.
Estela: ¿Perdón?
José: Otelo este… eh… sigue en redes a la Clínica y Desdémona, o sea, no le contestan los mensajes. Y este… me enteré. Porque 20 turnos más. Y entonces Yago, le llenó la cabeza y ahora agenda turnos con pacientes nuevos.
Estela: Se te están mezclando las preocupaciones. Efectivamente, se agregaron veinte turnos más. Pero no es algo nuevo. Hace ya un tiempo que están disponibles, sólo que se publicaron la semana pasada.
José Gerardo: Lo sabía. Había algo en mi interior que me decía: “Cuidado José. José las cosas cambiaron. José ojo, estate atento José. El pañuelito”.
Estela: Mju. Profundizá un poco más en esto que estás sintiendo.
José Gerardo: ¿Cómo puede ser que nadie me haya avisado nada? Me enteré porque sigo a la Clínica en Instagram. Entro por pura intuición y ahí lo veo: la doctora habilita 20 turnos nuevos. ¿Pero acaso no le alcanza con los que ya tiene? ¿Qué va a pasar con mi caso, cuando tenga 20 pacientes más? ¿Cuánto tiempo va a pensar en mis problemas una vez que termine la sesión? Doctora. ¿Eh? ¿Cuánto?
Estela: A ver, aprovechemos esta oportunidad..
José Gerardo: (José la interrumpe, llora enojadísimo) Porque yo puedo entender que haya tenido pacientes antes de conocerme, y de hecho, llegué a usted por recomendación de otros pacientes que se habían tratado con usted. Pero pensé que conmigo, y los que ya tenía, le iba a alcanzar. Pensé que mi caso iba a ser lo suficientemente importante como para no tener que salir a buscar nuevos pacientes. Pero parece que no. Parece que necesita más. Parece que ya no soy un desafío profesional que la movilice y necesita abrir el consultorio.
Estela: Le decía que aprovechemos esta oportunidad…
José Gerardo: (La interrumpe otra vez) Y yo vengo todos los jueves, me mudé acá al lado, para no faltar nunca, llueva, caiga piedra, haya un huracán ¿Y? ¿Para qué me sirvió todo ese sacrificio? ¿Eh? Para nada. El último orejón del tarro. Eso es lo que soy. El último en enterarme que hay más horarios disponibles. El que consigue el último turno del día. Cuando a su doctora ya no le queda ni un poquito de energía, porque los turnos de la mañana, cuando ella estuvo bien a full, se los dio a los nuevos.
Estela: (Harta) ¿Con qué podés relacionar todo este malestar que sentís Javier Gerardo?
José Gerardo: (Shokeado) Me dijo Javier.
Estela: ¿Le dije Javier? Ah jaja. Me confundí. Entonces, con qué…
José Gerardo: (La interrumpe) ¡Me dijo Javier!
Estela: Jav, José (trata de que le salga el nombre pero de los nervios se empieza a trabar) Jav, Javier, José, Gerardo, Juan
(Empieza a buscar sus medias y sus zapatillas enojadísimo)
José Gerardo: Ya ni se acuerda de mi nombre (llora) Yo sabía que esto no era para mí. Era demasiado buena para un bruto como yo. Empecé a leer, a sanarme, a reconciliarme con mi niño interior. Pero todo esto fue una mentira. Me cambió por 20 pacientes más. Ya no hay lugar para mis procesos emocionales en su vida profesional.
Estela: Gerardo… Juan acá tengo tu ficha agendemos otro horario…
José Gerardo: ¡¡Me llamo José!!
Estela: (nerviosa) José. José. José
José Gerardo: Nunca voy a tener el lugar que pretendo en su corazón y en su vida profesional. Nunca seré el caso, el caso que mi psicóloga, mi psicoanalista publicará en su próximo paper.
Estela: (Enfurecida) Pero cuántas veces tengo que decirte que no soy tu psicóloga. Soy TU PEDICURA. (Trata de recomponerse) Bueno Juan por hoy..
José Gerardo: (La interrumpe gritando) José, ¡me llamo JOSÉ!
(José Gerardo sale)
Estela: (consternada, sola en el consultorio. Respira) Ay por dios, que pesado este Javier.
Apagón
